UNA PIEDRA EN MI ZAPATO

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UNA PIEDRA EN MI ZAPATO

Mensaje  Admin el Jue Dic 10, 2009 7:16 am

NOTA: ESTE FIC NO ME PERTENECE SOLO LO PUBLIKE AKI. NOME PERTENECE!!! No
Miyagi hablaba mientras en la pantalla blanca las diapositivas pasaban una tras otra con calma, mientras desmenuzaba los textos, explicando las oraciones, las metáforas, etc., su voz sonaba monótona, se daba cuenta él mismo de que aquellos que recibían su conferencia se estaban durmiendo, incluso él se estaba durmiendo.
Había accedido a realizar esa conferencia en un colegio de preparatoria. El director se lo había pedido para dar a conocer la opción universitaria de literatura, no le hacía ninguna gracia publicitarse de esta manera, pero no pudo negarse.
La alegría en el rostro de los adolescentes era evidente cuando dio por finalizada la conferencia, pero no había acabado todo ahí, durante tres estúpidas semanas tendría que dar clases en ese colegio.
Recogía sus cosas en silencio y con un cigarrillo medio colgando en su boca cuando se sintió observado, giró su cabeza y se encontró con unos ojos malhumorados que le asustaron un poco, de pie a su lado un adolescente con cara de pocos amigos le miraba fijamente como si tratase de leer sus pensamientos.
— ¿Necesitabas algo?—preguntó por pura cortesía y con desgana.
—Yo… vengo a recoger el material de audiovisuales
Miyagi retiro sus diapositivas con la misma calma que había dictado su conferencia, ignorando el nerviosismo y mal humor del estudiante y tras unos silenciosos y tensos minutos salió de la sala, sin volver a dirigirle la palabra. Los críos le ponían nervioso y ya estaba de bastante mal humor por tener que dejar su estupendo despacho en la universidad, su trabajo y sus libros por unas semanas con unos críos que no se tomaban la literatura en serio. Al salir el subdirector le esperaba para felicitarlo y mostrarle la mesa que ocuparía en la sala de profesores, ese era otro inconveniente, el no tener un despacho cómodo, trató de consolarse pensando en que tres semanas pasan rápido.
Los profesores le dieron la bienvenida asombrados de que un profesor universitario accediese a dar clases en su colegio, el sonreía de manera automática preguntándose lo mismo. Cuando por fin pudo librarse de los elogios, agradecimientos y algún que otro consejo sobre cómo dar clases a los muchachos, salió de allí con ganas de llegar a casa y tomarse un té mientras leía uno de sus libros favoritos.
En el pasillo se volvió encontrar con ese muchacho, llevaba en los brazos la caja con el material utilizado en su conferencia, de nuevo esa mirada seria e intensa que le hacía preguntarse qué le había hecho él a ese chico, saludo con un gesto de cabeza y fue respondido de la misma manera.
************************
Levantarse por la mañana para dar clases en el colegio no era el estimulo que necesitaba, pero lo prometido era deuda, solo esperaba que esas semanas fuesen tranquilas y volver a su investigación en la universidad olvidando ese pequeño interludio que le recordaba demasiado a su pasado.
En las distintas clases los muchachos y muchachas se levantaban de manera respetuosa para saludar y en silencio soporífero escuchaban sus clases, algunos de ellos dormitaban tras el libro puesto de pie y su paciencia ante tanta desgana estaba llegando al límite, como hacerles ver las maravillas que encerraba la literatura era algo que empezaba a picarle en su amor propio. Levantó la cabeza dando un vistazo a la clase y se encontró de nuevo con esos ojos castaños que le miraban fijamente sin perderse uno solo de sus gestos y palabras, pero por alguna razón se daba cuenta de que ese chico no estaba interesado en lo que decía, lo miraba como si ya le conociese de algo.
La clase terminó con el saludo de rigor, los muchachos salieron con prisa y él se levanto con desgana para hacer lo mismo, de pie ante su mesa estaba él.
—Profesor Miyagi, yo…estoy pensando en ir a la universidad donde usted da clases, si pudiese darme información.
Miyagi le miró en silencio unos segundos, así que era eso, necesitaba información y por eso le miraba tan fijamente, un pequeño suspiro de alivio salió de su boca de manera inconsciente.
—Ah, bueno, que te parece si mañana te traigo un par de folletos de información, de todas formas lo mejor es que tú mismo te pases por allí y te informes…
— ¡No! Yo preferiría que usted me informase, le admiro mucho y…
La negativa rotunda le llamó la atención, pero lo achacó a los nervios del momento, le halago un poco que un adolescente le admirase como profesor universitario, pero por alguna razón le seguía poniendo nervioso.
—Bien, como te dije te traeré un par de folletos, de todas formas lo mejor es informarse de primera mano en la propia universidad.
— ¿Cuándo?—preguntó de manera brusca.
— ¿Cuando qué?
—Los folletos… cuando puedo verlos
— ¡Oh! Bien, en un par de días te los puedo traer.
—Mañana. Mejor mañana, tengo la tarde libre, podría invitarlo a un café y así podría hablarme de la carrera que quiero cursar con tranquilidad.
— ¡Eh! ¿Mañana? ¿Un café? Espera… espera un momento, no creo que sea una buena idea, además tendría que ir a buscar los folletos a la universidad, no tengo tiempo, sigo realizando mi investigación—el profesor, nervioso, se preguntaba por qué le estaba dando tantas explicaciones, cuando con un no rotundo hubiese sido suficiente.
—Pero necesito saberlo, quiero saberlo ya, si tiene que ir a la universidad puedo acompañarlo, así puedo informarme como me recomendaba, pero iría más tranquilo si me acompañase usted.
El profesor se sentía como un animal acorralado antes de ser cazado, la excusas para librarse del muchacho se le estaban acabando, y lo cierto es que lidiar con niños no era lo suyo, su mal humor aumentaba por momentos, pero dado que si era cierto que tenía que ir a su despacho en la universidad, lo mejor era llevárselo, dejarlo en la oficina de información y olvidarse de él lo más rápido posible.
—Está bien, puedes acompañarme, pero yo saldré tarde de la universidad, así que volverás solo.
Sus ojos serios y fríos se iluminaron con una pequeña chispa unos segundos, fue tan rápido que el profesor acabo achacándolo a la iluminación de la sala.
—De acuerdo, pero le invitare a un café por las molestias.
—No hace falta, no es una molestia, de todas formas tenía que pasarme por allí, no necesitas invitarme a nada…
— ¡Insisto!—cortó el muchacho con decisión.
Miyagi se rindió a lo evidente y mientras salían juntos hacía el coche repasaba los nombres de sus alumnos para tratar de recordar el nombre del enérgico muchacho que le acompañaba.
—Esto… tú eras Shinobu, ¿no es así?
—Si, ese es mi nombre—contestó de manera rotunda.
El viaje en coche fue silencioso, él no sabía que tema podía sacar con un muchacho tan joven y por alguna razón al chico no se le veía tan contento como Miyagi supuso que debería estar, a fin de cuentas él insistió en ese viaje a la universidad. Definitivamente nunca entendería a los adolescentes.
Le acompañó a información y trató de despedirse de él, pero el ataque del muchacho no cesaba y olvidándose de su trabajo acabó en una cafetería frente a ese chico serio e insistente tomando un café y revisando el menú.
—Puede pedir lo que quiera, tengo dinero suficiente—le dijo de manera seria al darse cuenta de que llevaba leyendo la carta durante un buen rato.
—No es eso, lo cierto es que solo me apetece un café… no tengo mucha hambre.
— ¡Oh! Bien
Lo cierto es que pensaba tomar ese café y salir corriendo de allí, ese chico le ponía nervioso por alguna razón que no llegaba a comprender, tratando de comenzar una conversación más o menos agradable abrió la boca para hablar, pero no tuvo tiempo.
— ¡Me gustas! —soltó Shinobu de golpe.
Miyagi se quedo con la boca semiabierta un momento mirando al chico y tratando de que su cerebro asimilase la frase que acababa de llegar a sus oídos, dedujo que se refería que le gustaba como profesor y cerró la boca.
—Es un honor que los adolescentes se tomen en serio la literatura, ser admirado siempre es algo agradable, pero deberías…
—¡Me gustas y quiero salir contigo!—Shinobu no le dejo terminar su pequeño discurso.
—Esto… creo que estás un poco confundido, a tu edad es lógico confundir la admiración con otras ideas…
—No estoy confundiendo nada, me gustas desde hace tiempo, cuando llegaste a dar la conferencia me di cuenta de que no podía perder esta oportunidad y…
— ¡Y nada! Para empezar soy un hombre, esto no está bien, segundo soy tu profesor, todavía está peor y tercero es evidente que estás confundido.
— ¡No lo estoy! ¡Para nada! No soy idiota, soy el mejor de mi clase, en realidad el mejor del colegio, se lo que quiero y a quien quiero.
Miyagi se levantó de su asiento de golpe y sin decir una palabra más salió de la cafetería camino del parking donde se encontraba su coche. Estaba enfadado, el chico es evidente que estaba loco y su instinto no le había engañado, era una estúpida encerrona de un adolescente salido que no tenía nada mejor que hacer que burlarse del nuevo profesor.
No se dio cuenta de que Shinobu le seguía hasta que lo presintió detrás de él al abrir la puerta del coche, se giró para mirarlo a la cara.
—No sé a qué estás jugando pero lo que dices no tiene sentido en absoluto, así que por tú bien olvidare todo lo que has dicho, aquí se queda todo.
—No estoy de acuerdo, me gustas y no quiero olvidar nada. ¡No soy idiota!
Miyagi se pasó una mano por el pelo tratando de tranquilizarse y dominar la situación como un adulto, miró al muchacho con toda la calma de la que fue capaz.
—Mira, no estoy diciendo que seas idiota, pero esto que me dices no tiene sentido, obviando el hecho de que soy un hombre, acabas de conocerme, todo lo que me dices es absurdo.
—No acabamos de conocernos, sabía que no te acordabas, pero nos vimos antes, bueno yo te vi antes y… estoy seguro de lo que siento, me había rendido pero el que aparecieses en mi colegio me ha hecho ver que esto es cosa del destino—Shinobu apretaba con fuerza los puños, tratando de que las palabras saliesen de su boca con la seriedad suficiente, sin dejar que los nervios que sentía se reflejasen en ellas.
Miyagi escuchaba espantado como el muchacho decía y se lo quedó mirando tratando de saber qué hacer.
—Sube al coche, te llevare a tu casa, pero quiero que te estés calladito.
Shinobu obedeció para sorpresa del profesor que lo miraba de reojo de manera ocasional de camino hacia la casa del muchacho.
Paró el coche frente a la vivienda, Shinobu no parecía tener intenciones de bajar del coche, mirando a sus rodillas como si allí estuviese la solución a todos los misterios del universo.
—Vamos, vete a casa, y reflexiona, lo que dices no tiene sentido, esto es una locura transitoria, se te pasará.
Para su sorpresa el muchacho le encaró mirándole a los ojos directamente, sin disimulos.
—Puede que no me creas, pero yo si estoy seguro de lo que siento, y pienso demostrártelo.
Tras decir eso, agarro su mochila y salió del coche golpeando la puerta con fuerza, dejando a un asombrado profesor mirando la puerta de su casa tras la que él había desaparecido. confused
FIN pale

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