EL VALLE DESHABITADO DE LA LUNA parte 4

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EL VALLE DESHABITADO DE LA LUNA parte 4

Mensaje  Admin el Jue Dic 10, 2009 6:57 am

Nota: Este fic no me pertenece, solo lo publike aki. No me pertenece!!! No

Capítulo 4 - Ceguera
Ya iban siete años desde aquella tarde... Takahiro lo había llamado por teléfono para contarle sobre un problema que había tenido con su novia. Al parecer habían empezado a discutir por algo muy trivial, pero luego la conversación terminó en una pelea bastante fuerte. Takahiro no sabía qué hacer para solucionar las cosas y por eso acudía a él en busca de consejo.
Akihiko se sintió horrible. Por casi un segundo se apoderó de él la idea de que debía aprovechar la ocasión y tornar las cosas a su favor… Por supuesto que no lo hizo. Al contrario, estaba seguro de haberle dado a Takahiro el mejor consejo posible y así fue, porque luego de un par de horas su amigo lo llamó radiante de felicidad para agradecerle por salvar las cosas.
Ya tenía veintidós años y había sabido controlarse a la perfección desde que descubrió que estaba enamorado de Takahiro, pero ese día no podía seguir con su actuación como antes. Casi había hecho algo horrible, por poco hizo algo que lastimaría a Takahiro, ¡no podía perdonarse el hecho de haberlo pensado!
Aquella sensación en su pecho lo estaba ahogando, apenas podía respirar. Lo amaba, lo amaba… Y por eso mismo no podía hacer nada que le hiciera daño. Lo amaba de verdad, lo amaba tanto que sería capaz de renunciar a él todas las veces que fuera necesario con tal de hacerlo feliz… Cualquiera que supiera su posición lo llamaría idiota por no aprovecharse, por no declararse…
Una lágrima finalmente se deslizó por su mejilla.
¡Qué podían saber ellos sobre el amor verdadero! El amor era incondicional, capaz de superar cualquier barrera, no tenía nada que ver con buscar el bien propio ni tampoco era egocentrismo disfrazado.
Desde aquel accidente en que los padres de Takahiro fallecieron, él estuvo cuidándolo todo el tiempo, siempre pendiente de que estuviese bien… Takahiro, era un joven simplemente increíble. A pesar del dolor, siempre andaba con aquella sonrisa alegre y con energía para salir adelante. Había renunciado a los estudios superiores para cuidar a su hermano pequeño y siempre se preocupaba de todos a su alrededor. Takahiro era tan bueno, tan puro, tan honesto…
Otra lágrima se deslizó, esta vez rozando la comisura de sus labios. No, jamás podría hacer nada que lo lastimara. Sería capaz de dar su propia vida por él, sería capaz de todo en ese mundo, pero nunca, nunca haría algo que pudiese herirlo…
Estaba consciente de que había tenido la oportunidad de confesarle toda la verdad en su momento, había sido una situación un tanto extraña. Sabía que Takahiro lo quería mucho también, ya se lo había dicho tantas veces… “Akihiko, eres mi mejor amigo, y eres muy importante para mí, ¿lo sabes, cierto?”
Pero en aquel momento, tuvo que poner las cosas en la balanza. Al fin y al cabo ambos eran hombres y una relación así no sería aceptada por nadie. Decir la verdad y pedirle a Takahiro que le respondiera sería obligarlo a estar en una relación que se convertiría en una carga para él. Además Takahiro tenía un hermano a quien cuidar… Involucrar a Takahiro en una relación así, tan expuesta a críticas, prejuicios y complicaciones, sería completamente egoísta de su parte. Por eso había decidido callarse, no decir nada. Su amor había nacido en su corazón y se moriría en él también...
Ya no eran una ni dos las lágrimas, no podía evitarlo… Sabía que todo lo que había hecho, había sido por amor y no se arrepentía, lo volvería a hacer si fuera necesario, pero ya no sabía qué hacer con todo lo que sentía. Pensaba que en ese instante Takahiro estaría sonriéndole a ella, mirándola a ella, amándola a ella… Y ni siquiera podía sentir envidia ni celos. Aquellas pasiones tan tóxicas no podían ensuciar un amor tan puro como ese. ¡Al contrario! Si ella era capaz de hacerlo sonreír, si ella podía hacerlo feliz, entonces él podía sentirse tranquilo.
Cerró los ojos, porque las lágrimas le nublaban la vista. Sentía que se iba a morir de amor, ya no lo aguantaba más, no podía soportarlo. Sabía que estaba en lo correcto, sabía que eso era lo que debía hacer, pero aún así… Lloraba, lloraba, lloraba y no podía parar. Necesitaba verlo, necesitaba abrazarlo, necesitaba estar con él. Lo quería tanto, tanto… ¿Por qué tenía que sentir con tal intensidad si no podía demostrar nada? ¿Cuál era el sentido de un amor tan bueno y tan perfecto si no podía compartirlo?
Se hundía, se sumergía, se perdía entre las olas de emociones de su ser. Nadie podría entender la profundidad de lo que sentía… Sólo en sus novelas podía plasmar parte de su mundo interior, pero nadie más vivía ahí, sólo él…
Estaba tan solo… Las lágrimas que mojaban la almohada eran testigos de su infinita soledad. Poco a poco sentía como abandonaba la realidad y se volvía en sí. Cerró los ojos. La marea subía precipitadamente… Pronto la intensidad de sus emociones sería tan alta que no podría sentir nada más.
- ¡¡Akihiko!! ¡¡Akihiko!!
Abrió los ojos. Ya estaba oscuro, se había quedado dormido. Le ardían los ojos, había llorado demasiado. Se llevó una mano a la frente para apartar el flequillo que le molestaba. Llamaban… Se levantó con algo de torpeza y mucho cansancio, se encaminó a la puerta y abrió.
- Maldición, ya llegué a pensar que te habías muerto o algo – gruñó Hiroki entrando a la habitación como un huracán – Estaba por pedirle la llave a Tanaka-san, qué fastidio eres…
- Me quedé dormido – dijo Akihiko cerrando la puerta.
Hiroki se quejó por lo oscuro de la habitación y se dirigió a prender la luz, pero imaginando que tendría los ojos rojos, Akihiko lo impidió de realizar su cometido; no quería que lo viera en ese estado.
- ¿Qué pasa? – preguntó Hiroki – Déjame prender la luz… ¿Te crees murciélago o qué?
- Me duelen mucho los ojos, déjalo así, por favor – pidió Akihiko.
Pensó que Hiroki se negaría y prendería la luz de cualquier modo, pero no fue así. Su amigo se quedó donde estaba sin decir nada. Él tampoco dijo nada. Pasó un momento de silencio en que ninguno de los dos dijo nada.
- Uhm… mejor me largo – resopló Hiroki – Seré ratón de biblioteca, pero no murciélago.
Aquel día estaba muy mal. Ya no podía reprimirse como siempre hacía. Ni siquiera lo pensó, más bien fue algo instintivo; en cuanto Hiroki se aproximó a la puerta para marcharse, Akihiko lo abrazó hundiendo la cabeza en su hombro. En vez de empujarlo o chillarle algo como era lógico que hiciera, Hiroki se quedó callado, completamente inmóvil.
- Perdona…- susurró Akihiko – No te vayas…
- ¿Akihiko? – preguntó Hiroki sin moverse todavía - ¿Qué pasa?
- Me estoy sintiendo muy mal… - respondió él con voz baja – Ya no puedo más, siento que me voy a ahogar… Lo necesito…
Sólo entonces Hiroki le devolvió el abrazo, apoyando sus manos en su espalda con fuerza. Con la voz temblorosa le dijo que se olvidara de una maldita vez de Takahiro, que aquello sólo podía hacerle mal. Akihiko no supo si acaso el corazón de Hiroki se había acelerado o si era su propio corazón el que latía en tal apresurada carrera.
- Akihiko… Ya te he dicho mil veces que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿lo recuerdas? – le preguntó Hiroki al oído.
- Ya sé… - musitó Akihiko.
El abrazo no se prolongó por mucho tiempo, porque luego Hiroki se separó de él despacio. Le preguntó qué podía hacer para ayudarlo, pero la verdad es que ni él mismo lo sabía. No tenía idea de cómo podía curar el dolor en su corazón, y tampoco sabía cómo calmar la opresión en su pecho.
Lo que siguió a continuación realmente no lo hubiese imaginado nunca. Hiroki había acercado su rostro al suyo, hasta rozar sus labios y luego lo besó. Lo había tomado por sorpresa, le respondió casi por inercia, pero luego se separó confundido. Antes de que pudiese preguntar algo, Hiroki se adelantó a responder.
- ¿No quieres imaginar que soy él? Quizás eso te ayude a desahogarte…
- Que eres…- empezó Akihiko.
- Que soy Takahiro… - terminó Hiroki – Si sigues manteniendo encerrados dentro de ti todos aquellos sentimientos sólo acabarás por hacerte daño – Hiroki le acarició el rostro con dulzura – Esto es algo que quedará sólo entre tú y yo… No sufras más…
Hiroki volvió a besarlo, y él le respondió con igual torpeza que la primera vez. Todavía no podía asimilar todo. Hiroki era su amigo desde los diez años, y siempre había estado ahí cuando lo necesitaba, pero… ahora… Por más que la idea fuese suya, sentía que lo estaba usando para calmar su tristeza…Apoyó su mano en la cabeza de Hiroki acariciándole el cabello, en un intento por dejarse llevar. Hiroki le desabotonó la camisa y deslizando sus manos bajo la tela, recorrió su pecho con las manos.
- Espera… - dijo Akihiko separándose despacio.
- ¿Qué pasa? – preguntó Hiroki.
Estaba cansado, el sueño no había sido para nada reparador y todo aquello lo confundía agotándolo aún más. Akihiko se sentó en la cama, llevándose una mano a la cabeza. ¿Estaba bien seguir? ¿Qué tenía que hacer exactamente?
Los ojos de ambos se habían acostumbrado a la oscuridad, así que pudo ver cómo Hiroki se desabotonaba su camisa y desenrollaba de su cuello la bufanda blanca y delgada que traía puesta. La dejó sobre la cama y Akihiko siguió contemplándolo en silencio, mientras se quitaba los pantalones.
La imagen de su querido amigo Hiroki, llevando sólo la camisa abierta y los bóxers oscuros le producía una sensación extraña. Después de todo le gustaban los hombres… La atracción que despertaba en ese momento se contradecía con aquel cariño de amistad, no sabía qué hacer.
Hiroki se arrodilló frente a él y tomando la bufanda que antes había dejado sobre la cama, le dijo:
- Necesitas vendarte los ojos. Y así sólo tienes que imaginar que es tu querido Takahiro quien está en tus brazos.
Lo último que pudo ver Akihiko antes de que la tela cubriera sus ojos cegándolo, fue la sonrisa de Hiroki al darle aquella indicación. Luego que terminó de anudarle la bufanda, su amigo volvió a besarlo. Por alguna razón que no entendió del todo, Akihiko fue incapaz de contradecirlo; simplemente se dejó llevar.
Hiroki ya no lo besaba con tanta timidez como al comienzo, y entonces Akihiko aprovechó de meter su lengua en su boca. Al comienzo pensó que a Hiroki le había desagradado, porque tembló un poco cuando lo hizo, pero luego cuando sintió sus manos bajar por su pecho hasta detenerse en su pantalón, decidió continuar. Mientras se besaban, Hiroki bajó la cremallera de su pantalón y deslizó su mano dentro del slip de algodón que llevaba, para rodear su ya erguida masculinidad con sus dedos.
Akihiko apretó los ojos. Habían sido sólo unos cuantos besos y ya estaba notablemente excitado, le perturbaba un poco la idea. Quizás era porque hacía tiempo que se tocaba, pero aún así… Todavía no entendía en quién pensaba. Sabía que estaba con Hiroki, era su piel, su cuerpo, sus suspiros… Pero a la vez trataba de pensar en Takahiro… No se concentraba.
Las manos de Hiroki empezaron a frotarlo más rápido, por lo que él estiró las suyas y bajó los bóxers de su amigo casi de un tirón, para luego recorrer la piel que había dejado al descubierto. Hiroki se estremecía ante su tacto y hacía grandes esfuerzos por no dejar escapar ningún gemido. Se apresuró a retirar las manos y supuso por el sonido, que había aprovechado para quitarse los bóxers que él le había bajado hasta las rodillas. Luego se colocó sobre él, aunque aguardó un instante como si no supiese cómo continuar. Akihiko apoyó sus manos en sus caderas y entonces Hiroki bajó despacio hasta sentir que su miembro rozaba su entrada.
Akihiko apretó los dientes con fuerza y también las manos que apoyaba en las caderas de Hiroki, cuando éste empezó a bajar más. Akihiko sentía cómo se tensaba el cuerpo de Hiroki a media que lo iba penetrando y no pudo evitar mover sus manos para apresurarlo y poder entrar completamente en él de una vez. Hiroki gimió y Akihiko supo que la razón de aquello era que su miembro acababa de tocar aquel punto. Ya no podía echarse para atrás, no podía arrepentirse, estaba en un punto sin retorno. El calor de su cuerpo era aumentado por el de su amigo, colocando sus manos sus nalgas lo obligaba a subir y bajar, metiendo y sacando su miembro de su cuerpo.
Podía escuchar a Hiroki respirar entrecortadamente, pero ya no podía pensar en él. La fantasía de tener a Takahiro entre sus brazos, como le había dicho Hiroki, se hacía más intensa. Llevó sus manos al rostro de Hiroki, pero imaginando que eran las mejillas de Takahiro las que acariciaba. Aún en medio de la pasión y la lujuria, fue capaz de sentir el amor y la dulzura de su propio gesto. Enredó los dedos en el cabello claro, que él en su fantasía pintaba de azabache.
Sintió alrededor de su miembro cómo el cuerpo de Hiroki se contraía con mayor intensidad, y entonces apresuró el ritmo de sus movimientos. Ya no podía aguantar por mucho tiempo.
Jaló del cabello entre sus dedos con más fuerza, cuando sintió aquel temblor entre sus piernas y aquella descarga de placer que llenaba su cuerpo, dejando su mente en blanco, pero con la fuerza todavía para repetir su nombre:
- Hiro…Takahiro.
Pudo sentir cómo Hiroki se detenía por completo. Apartó las manos de su cabello, intentó recuperar el ritmo de su respiración y se dispuso a quitarse la venda de los ojos, pero antes de que pudiese conseguirlo, sintió cómo Hiroki se separaba de él, bastante a prisa, lo cual resultó doloroso para ambos.
Se llevó las manos a la venda, pero no descubrió su mirada. No podía hacerlo… Ahora el dolor en su pecho se volvía más angustioso; sentía que la tensión en su cuerpo era desplazada por aquella mezcla de placer y cansancio producto del orgasmo, pero no se sentía feliz, para nada. Estaba arrepentido, demasiado arrepentido. ¿No acababa de reconocer hace unos instantes lo puro que era su amor por Takahiro? ¿Qué sería capaz de todo por él? Sentía que había mancillado su afecto por Takahiro por todo aquello, pero todavía más por haber pronunciado su nombre. No podía equilibrar la lujuria con el amor, no sin sentir que ensuciaba el segundo por darle paso libre a la primera… ¿Cómo había hecho algo así? Takahiro era irremplazable, insustituible… Ahora se sentía enfermo al darse cuenta de la realidad. La mezcla de emociones lo mareaba. Le daba asco su actitud, pero tampoco podía negar que seguía deseándolo… Hasta se preguntaba si realmente se sentiría igual haciéndolo con el verdadero Takahiro, pero de inmediato el amor agonizante le reprochaba a gritos la mezquindad de su idea…
Se descubrió los ojos y vio cómo Hiroki se colocaba el abrigo y se encaminaba hacia la puerta.
- Hiroki… - llamó sin saber qué más hacer.
- Perdón – se limitó a responder él.
Esta vez tampoco pudo hacer nada a tiempo. Hiroki abandonó la habitación cerrando la puerta despacio, sin decir nada más, ni siquiera un “adiós”
Se llevó una mano a los labios. Daba igual que él se lo hubiese propuesto, había usado a Hiroki… Lo había utilizado sólo para intentar acabar con su tristeza, pero no pensó nunca en sus propios sentimientos. Sin duda Hiroki había hecho eso por ayudarlo, pero jamás debió haberlo permitido seguir… Había traicionado a Takahiro, pero también había traicionado su amistad con Hiroki…
*************
Ahora, siete años después, aquella frase que le gritó Hiroki había despertado con la viveza más total todos los recuerdos de esa mañana… Pero ahora la confusión y el dolor que lo llenaba no eran por Takahiro, sino que eran por el mismo Hiroki. Tenía que ser mentira, tenía que ser una mentira…Todo era demasiado repentino, demasiado extraño. ¿Por qué después de tanto tiempo?
Se puso de pie a toda prisa llevándose las manos a la cabeza.
- Qué fastidio… - sollozó Hiroki - ¡Doce años! ¡Doce años que estuve contigo esperando que te dieras cuenta! ¡Pero nunca lo hiciste porque todo tu mundo era sólo “Takahiro, Takahiro…”!
Hiroki se sentó en el suelo, sin mirarlo, con ambas manos en la cabeza, jalándose el cabello y sin dejar de reclamarle entre sollozos.
- Pensé que los había olvidado, que los había enterrado para siempre, ¡pero ahora por tu culpa me acuerdo de todo! ¡Me acuerdo de lo patético e idiota que me sentía sabiendo que no podía decir nada, pero a la vez suplicaba que te dieras cuenta pronto e hicieras algo! ¡No soporto la vergüenza!
Usagi le dirigió una mirada agobiada y entreabrió los labios para decir algo, pero no pudo. No podía creer lo que escuchaba, más bien, no quería creerlo. Todo ese tiempo Hiroki había estado incondicionalmente a su lado… Nunca había podido descifrar que lo que ocultaba tras sus rabietas y su orgullo era un amor como el que él mismo había sentido hasta no poder más…
“No olvides que siempre voy a estar de tu lado, ¡Recuérdalo!”, esas palabras resonaban en su mente una y otra vez. Nunca, nunca había notado nada, no lo habría sospechado siquiera… Hiroki en ese entonces sentía las mismas cosas que él, lo entendía a la perfección… Y él nunca había podido ver.
- Qué horror… - se rió Hiroki sacudiendo la cabeza – Pensé que me moriría sin decirte nada de esto… Todo estaba bajo perfecto control, pero por alguna razón cuando te vi con Takahashi a la salida de mi oficina recordé algunas cosas, pero luego en la cafetería te dedicaste a hacer preguntas tan idiotas y a burlarte… Me pusiste en aprietos y… y me obligaste a hacer esta estupidez…
Hiroki se levantó del suelo secándose las lágrimas de los ojos casi con rabia. Usagi hizo ademán de tocarlo, pero de inmediato se arrepintió. Aquel día, aquel día cuando se había acostado con él… Hiroki estaba enamorado y él lo había usado como reemplazo de Takahiro…
Se sintió desesperadamente abatido…
- Hiroki, aquella mañana que fuiste a mi casa… Cuando lo hiciste conmigo… - Usagi lo miró con los ojos brillantes - ¿Cómo pudiste? Yo…
Se llevó una mano nuevamente a los labios. De haberlo sabido, de haber sabido que Hiroki lo amaba jamás lo hubiese utilizado de esa forma. Aquella mañana su corazón ya se retorcía del arrepentimiento de haber abusado de su amistad, pero… Era amor, un amor que silenciosamente lloraba esperando ser correspondido… ¿Era tanta la desesperación de Hiroki que quiso estar con él aunque fuera un substituto? ¿O acaso había algo más que no entendía? No quería saber, sabía que la respuesta lo atormentaría aún más, pero ya había preguntado, no podía retroceder.
- Aquella mañana creo que… tanto tú como yo nos convencimos de que Takahiro no iba a estar nunca contigo… - musitó Hiroki sin mirarlo – Así como tú me dijiste que no podías aguantarlo más, yo tampoco podía seguir luchando con lo que sentía… Quise sacar ventaja de la situación… - Hiroki hizo una pausa y con una sonrisa tristísima, posó sus ojos sobre los violetas de Usagi – Pensé que si lo hacías conmigo yo sería capaz de transmitirte todo lo que sentía, te amaba tanto… Cuando tocaste mi rostro con tus manos, pensé que lo había conseguido… Pero luego lo nombraste a él, y supe que así como le pasaba a tu amor, el mío nunca sería correspondido tampoco…
Usagi no pudo responder nada, tuvo que apretar los labios que le temblaban al sentir la amenaza de las lágrimas. Aquella mañana la venda en los ojos había estado de más… Con o sin ella había sido demasiado ciego como para darse cuenta de la realidad.
continuara...

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