WHEN IT RAINS- JUNJOU EGOIST

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WHEN IT RAINS- JUNJOU EGOIST

Mensaje  Admin el Jue Dic 10, 2009 7:38 am

NOTA: ESTE FIC NO ME PERTENEC, SOLO LO PUBLIQ AKI. NO ME PERTENECE!!!

When it rains
Trabajo.
La única palabra que pasaba por mi mente, una y otra vez, a cada segundo.
Ciertamente, haber sido promovido a maestro titular era un motivo del cual debía sentirme orgulloso. No obstante, jamás imaginé de cuantas responsabilidades conllevaría mi puesto.
Examenes que calificar, corregir tésis de varios alumnos, dar clases en ambos horarios, realizar los planes de estudio de otras materias y tener que soportar diariamente a Miyagi-sensei, eran tan sólo algunas de mis nuevas labores como maestro titular.
Cansado y abatido, dejé que mis piernas me guiaran hasta el departamento, a través de las calles repletas de gente. El sol se escondía entre el smog y los edificios, haciendóle paso a la noche. La brisa nocturna se hizo presencia de forma inmediata. Por fortuna, me había preparado para afrontar aquella noche fría -vistiéndome con una camisa negra de manga larga. Sólo esperaba que él también hubiese notado el cambio de temperatura…
¿P-pero qué estoy pensando?
Tonterías, no tenía porqué preocuparme de alguien quien prácticamente ya era un adulto. Los adultos, debido a su experiencia, sabían de antemano cuando cambiaría el clima. ¡No tenía de qué preocuparme…!
El sonido del tren llegar a la estación, provocó que olvidara lo que estaba pensando y me concentrara en él. Mi pulso se aceleró, ayudándome en abordar el tren a tiempo. Me senté hasta la orilla, al lado de unas colegialas que parecían intercambiarse relatos cotidianos. Prefería estar en un ambiente conocido a tener que soportar algún otro.
“Nee-chan-exclamó una de las colegialas- ¿Te has enamorado alguna vez?”
“No-le contestó otra estudiante- Simplemente no me llama la atención la idea de amar para ser amado”
“¿Amar… para ser amado?”
A partir de ese momento, perdí el hilo a la conversación. Pensando detenidamente en aquella frase. Con sus palabras, ella había expresado que las personas queremos a alguien… para que ellas nos quieran.
¿Qué no a eso se le llamaba “egoísmo”?
No, por supuesto que no. Eso no podía ser posible. ¿Qué podía saber una colegiala de secundaria sobre temas tan adversos como el amor? Seguramente, ella no sabía de ello, porque no lo había experimentado.
El tren se detuvó. Esa era mi parada. Bajé de la maquinaria, para mezclarme entre la gente. En verdad, que la sociedad se estaba volviendo cada vez más cínica. Dejé de lado las palabras que escuché, para repasar por mi mente el plan de trabajo que debía realizar una vez llegara al departamento.
De pronto, una vaga frase surgió entre mis pensamientos, dejando de lado el trabajo por breves momentos. Algo que no quería escuchar, pero que al final, resultó ser inútil ignorarlo.
¿Así ocurría con Nowaki y conmigo? ¿Amábamos para ser amados?
Sacudí mi cabeza ligeramente, tratando de esfumar aquél enfermizo pensamiento. Sin previo aviso, sentí el fuerte impacto de haberme golpeado contra algo. De manera instintiva, llevé una mano sobre mi frente, tratando de desvanecer el dolor.
-¿Hiro-san?
Mi mirada se dilató al escuchar mi nombre, provocando que mi cuerpo se estremeciera ligeramente -de una manera familiar. Aquella voz… no había duda. Era la dueña de la persona en la que-de una u otra manera, aunque no me gustaba admitirlo- pensaba en mi tiempo libre. Elevé mi mirada, para confirmar mi predicción.
-Nowaki…-dije en apenas un susurro.
-¿Estás bien?
Frente a mí, logré contemplar a la persona que tantas veces me había atormentado con su presencia. La que convirtió mi vida, un desastre. Y… la persona a la que le agradecía por haberme encontrado…
Mis mejillas se ruborizaron levemente. El atuendo de médico le beneficiaba, haciendo que sus ojo azules combinaran con la tranquilidad de su rostro. No pude negar que me fue reconfortarte el notar que vestía con ropa cálida.
De pronto, comprendí que él estaba aguardando mi respuesta. Así que mi cabeza afirmó su pregunta. Los hombros de Nowaki se relajaron. Demostrando en su rostro alivio. Esa atención, la odiaba… porque me hacía sentir feliz.
-N-Nowaki. ¿Qué estás haciendo por estos lugares?
-Sólo pasaba por aquí.
¿Me tomaba por un tonto? Sabía perfecamente que esa era una mentira. Pero… la verdad detrás de esa falsedad, fue algo que logró ruborizar mis mejillas levemente. Porque sabía que Nowaki deseaba verme en cualquier instante, así como yo a él. Aunque ello, me era difícil admitirlo y –mucho menos- decirlo.
De pronto, él sujetó mi mano y comenzó a abrirse paso entre la gente, obligándome a seguirlo.
-¿Oi, a donde me llevas?
-Hiro-san está libre y yo terminé con mi trabajo en la clínica. Así que, vayamos a un lugar donde podamos comer.
Ahí estaba una vez más, su inagotable entusiasmo.
-T-Tonto.
-
El olor a granos de café y el humo de algún cigarro, impregnaron mis sentidos. Nos encontrábamos en una cafetería, a cortesía de Nowaki. Estábamos sentados, uno frente al otro y… mi laptop de por medio.
Me resultaba imposible dejar de pensar en el trabajo. Era una sensación que no me podía dejar tranquilo, ya que mi sentido de responsabilidad, era incluso más fuerte que mis sentimientos. Por supuesto que deseaba platicar con Nowaki. Pero la realidad, era la realidad…
Nowaki lucía tranquilo, mientras llevaba a sus labios una taza de café. Me tranquilizaba el saber que podía adaptarse a mis “impulsos responsables”. Seguí tecleando en la laptop, concentrándome en lo que deseaba escribir… Sin embargo, no podía hacerlo del todo bien. A pesar de conocer que podía realizar varios trabajos a la vez, había algo en mi interior que me impedía continuar. Era demasiada la presión por saber que tenía poco tiempo para terminarlo todo. Saber que si fallaba, podían quitarme mi puesto. Esa sensación, me estaba agobiando.
El rozar de una mano familiar sobre la mía, detuvo mis acciones. Elevé mi mirada, para encontrarme con algo que -desde la primera vez que la noté- me cautivó por completo.
La sonrisa de Nowaki.
Un gesto inocente. Una acción que reflejaba el alma cálida de Nowaki. Y quizás… la forma en la que él, me demostraba su cariño. Lo que más admiraba de ella, era que no mostraba algún signo de falsedad. Era completamente puro lo que transmitía. Me pregunto, ¿Cuántas habrán sido ya las veces en que aquella sonrisa me había salvado…?
-
Caminábamos por el camino más largo a la próxima estación del tren. La noche había aparecido por completo y nuestros pasos resonaban por las calles vacías. Después de cenar, había decidido irnos al departamento, ya que debía de terminar los trabajos lo más pronto posible. De esa forma, podría liberarme de las ataduras que mi puesto conllevaba. Aunque, en mi verdadera intención se encontraba Nowaki de por medio…
Las gotas de lluvia comenzaron a descender - de manera espontánea- sobre nosotros. A decir verdad, me agradaba la frialdad que éstas propiciaban a mi cuerpo. A pesar de la tranquilidad que me brindaban… mi interior continuaba abatido.
-Hiro-san, hay que resguardarnos de la lluvia-sugirió Nowaki.
-¿Ah?-contesté sin comprender al principio su propuesta- De acuerdo.
Nowaki sujetó mi mano nuevamente, guiándome a la orilla de la calle, para protegernos de la lluvia bajo el desnivel de un edificio. A decir verdad, no puse atención a lo que alrededor sucedía. Ni siquiera en las acciones del propio Nowaki.
Simplemente… ya no lo soportaba más.
Día con día. Noche tras noche. Por más esfuerzo que invertía, no veía que el trabajo disminuyera. Al contrario, parecía incrementarse. Sentía que no podía escapar de toda la carga. No obstante, no quería dejarla ir. Prefería tener que pasar por todo ese dolor, antes de tirar la toalla. Después de todo, había tenido que enfrentar muchos obstáculos para darme por vencido a mitad del camino. Lo sabía… sabía todo eso a la perfección. Entonces… ¿Por qué me sentía tan harto de todo?
Sin importarme nada, corrí hacia el lado contrario de la calle. Los gritos de Nowaki exclamando mi nombre, se fueron desvaneciendo conforme me alejaba de él. Mi corazón latía rápidamente, siendo la adrenalina la que me ayudaría a perder de vista al ojiazul. Di la vuelta en una esquina, para toparme con un callejón solitario. En verdad, no tenía idea de cuanto tiempo había corrido. Seguramente mucho, pues mis pulmones me exigían a gritos oxígeno. Me recargué en la pared, mientras sentía cómo mi pecho ascendía y descendía conforme recuperaba el aliento.
Tan sólo, quería dejarme mojar por la lluvia. Porque, siempre cuando llovía, lograba encontrar una forma de huir de todo aquello que me atormentaba. Me había hecho el fuerte, pero en realidad, tenía una débil determinación. El intenso trabajo, las nuevas emociones que Nowaki me hacía experimentar, tener que luchar contra mi mismo… Tenía que descansar de todo ello.
No era que no quisiera estar con él, pero tampoco deseaba que él me viera de esa forma. Después de todo, tenía un orgullo que alimentar.
“Amar para ser amado…”
La frase de la colegiala volvió a mis oídos. De una manera tan clara, cómo si ella misma estuviera a mi lado. Increíble. Resultaba ser irónica mi situación. Ya que –al parecer- todo se volvía en mi contra. Atrayendo los momentos y las cosas que deseaba evitar. Quizás… las palabras de la joven, tenían cierta verdad.
¿P-pero qué estaba haciendo?
Se suponía que debería de estar con Nowaki, estar trabajando, no desmoronarme por una tonta idea. Ni rendirme ante algo incoherente.
De pronto, mi visión se tornó de color blanco y unas manos me regresaron a la realidad. Las mismas que me encararon con los fuertes brazos de Nowaki. Los cuales, rodearon mi espalda por completo. Mi cabeza fue atraída hasta su pecho, provocando que sintiera su respiración al instante.
-Hiro-san.
Su bata de doctor. Fue lo que descubrí que nublaba mi visión. De forma inmediata, me quité la prenda de la cabeza. E instintivamente, comencé a golpear levemente su pecho, tratando de escapar de sus brazos. Tratando de alejarlo de mí… Pero, por más daño que le hacía, él continuaba abrazandome.
-¿Qué es lo que te atormenta?-preguntó Nowaki.
-No podrías entenderlo…
-Entonces, daré mi mejor esfuerzo para hacerlo.
Tu amabilidad. Tu forma de querer solucionar mis problemas. Era lo que más me atormentaba.
De pronto, las manos de Nowaki se posaron sobre mis mejillas. Su usual calidez había sido reemplazada por la frialdad de la lluvia. Mi mirada se topó con la suya. Un par de ojos de un azul único, que me contemplaban cómo si fuese lo más hermoso en el mundo. La mirada que provocaba dejarme “caer” ante sus deseos. Algo que me permitía liberarme por un momento de mi orgullo, para satisfacer mis anhelos. El rostro de Nowaki se acercó para depositar sus labios en los míos.
¿Besar para ser besado?
Lo aparté bruscamente, impresionándome también por el uso indebido de mi fuerza. Las pupilas de Nowaki estaban completamente dilatadas, al igual que mis ojos. Reemplazando mi confusión por un sentimiento reprimido.
-¿Crees que ha sido fácil acostumbrarme a esta nueva vida?¿Tú crees que no me da coraje el saber que hay días en que te utilizó para liberarme de mi sufrimiento?- le grité sin importarme nada- ¿Crees que no me arrepiento de saber que no puedo ser una fortaleza para ti, ya que me desmorono todo el tiempo?
El eco de mis gritos resonaron por el callejón. Traté de recuperar el aire que había invertido para gritarle. Nowaki… Nowaki no se merecía que siempre me estuviese desahogando con él.
La lluvia se volvió más intensa. Como si ella estuviera en sincronía con mis sentimientos. Mi cuerpo comenzó a temblar. Una vez que liberaba algo que me perturbaba, no podía reprimirlo tan fácilmente. Era algo que me resultaba difícil hacerlo, incluso desde la niñez. En verdad… No podía hacer nada bien, ¿cierto?
-Lo sé-me respondió Nowaki.
¿Lo sabía? ¿Conocía ya de antemano todo lo que me mantenía inestable? Aquella respuesta me impresionó, logrando juntar el coraje necesario para mirarle a la cara. Su rostro conservaba aquella tranquilidad inquebrantable.
-Y por eso, sigo amando a Hiro-san-prosiguió Nowaki-Ya que Hiro-san, siempre ha procurado encontrar la manera de no hacerme daño.
-¿P-Pero qué estás diciendo?
-Hiro-san es una persona increíble. Aunque el trabajo sea duro, es mejor luchar por lo que deseas mantener. Por eso, confió en que podrá lograr todo lo que se proponga.
Nowaki… ¿Estuviste pensando en mí todo el tiempo?
-Aunque también, Hiro-san debe confiar en sí mismo.
“Sonrie para mí”
Fue el pensamiento que tuve al escuchar sus dulces palabras. Para mí… su sonrisa lo era todo. Un maldito hechizo que entorpecía mis acciones. Y el principal motivo para que pudiese confiar en mí mismo.
Me había enamorado de Nowaki sabiendo que –quizás- mi cariño hacia él, nunca podría alcanzarlo. Sabiendo también que tal vez, era poco lo que podía ofrecerle. Sin embargo… en ello radicaba el secreto del amor.
No se trataba de quién podía dar más o menos. De quién era el mejor en algo o el peor en otras cosas. Mucho menos de saber qué podías obtener de tu persona querida. Sino de conocer las cualidades, virtudes y defectos de uno mismo y del otro. Y así -con ello- se crearía un momento en que ambos comprenderían que ya no son dos seres, sino uno solo.
Un complemento.
Tan sólo de esa forma, se llegaría a disipar la soledad. Y la fortaleza, sería un hecho rotundo.
Esa era mi idea sobre el amor. Algo que sólo había compartido con Nowaki… y que sería el primero y el último con el cual realizaría.
- Puedes tomar todo de mí. Porque yo también tomaré todo de ti…-declaró Nowaki.
Los labios de Nowaki se acercaron a los míos nuevamente. Sin embargo, esa vez estaba preparado para evadirlos. Logré librarme de entre sus brazos, tratando de alejarme de él… De pronto, algo arruinó por completo mi gran estrategia de huida. Debido al suelo húmedo, me resbalé con el agua, resultando inminente mi caída. Ahora sólo tenía que esperar el impacto usual con el suelo…
Sin embargo, aquello nunca llegó como lo esperaba. Había sido un hecho que había caído al suelo. No obstante, mis ojos no podían creer lo que veían. Nowaki estaba a mi lado, con sus brazos alrededor de mi cintura. Un acto que realizó para evitar que me lastimara. Una acción típica de Nowaki… algo de lo que nunca me acostumbraría, por la felicidad que me brindaba.
El tonto de Nowaki, una vez más, había puesto mi seguridad antes que la suya. No hacía falta el agradecerle, ya que… en verdad no podía hacerlo. El rubor en mis mejillas no me dejaban pensar en una manera de compensarle.
La lluvia se tornó más intensa. Provocando que el cuerpo de Nowaki comenzara a temblar por el frío. Coloqué mi mano en su espalda, sintiendo –al instante- cómo su cuerpo se estremecía.
-Nowaki… estás temblando, será mejor irnos…
-No… eso no me importa. Ya que son pocas las veces en que podré tener a Hiro-san de esta forma.
-No-Nowaki, estamos en un callejón, nos verán…
-Lo dudo, elegiste un lugar demasiado solitario Hiro-san…
-Tengo mucho trabajo que hacer.
-Entonces, déjalo de lado, tan sólo por esta noche…
-Nowa…
Sin embargo, el susurro de mi nombre fue callado por el suave roce de nuestros labios. Un movimiento que dilató mi mirada en un segundo. Las gotas de lluvia habían provocado que sus labios se volvieran fríos. Entre el poco tiempo que Nowaki me dejaba respirar, un gemido profanaron mis labios, al tiempo en que él continuaba propiciándome caricias que me volvían loco.
-N-Nowaki…
El ojiazul dejó de probar mis labios. Permitiéndome un tiempo para recuperar el oxígeno que me había robado. Mi respiración se volvió agitada y supe que mis mejillas se habían ruborizado por completo.
Alcé mi mirada, para contemplar a la persona que tornaba mis acciones en suyas… Nowaki equilibró su cuerpo con sus rodillas. Aquella mirada había vuelto en él. Los ojos en los que tanto me perdía y que lograban hipnotizarme. Sólo de esa forma, pude notar que el cuerpo de Nowaki también estaba completamente mojado. Y que la camisa negra que lo cubría, parecía querer deleitarme con los músculos de su cuerpo.
Nowaki se acercó –una vez más- hacia mí. Volviendo a lo que había dejado pendiente. Entrelazó una de sus manos con la mía, para obligar a mi cuerpo a sostenerme como él. De inmediato, busqué alguna palabra para reclamarle lo que estaba tratando de hacer. Sin embargo, él me ganó primero. Sin vacilar, volvió a besarme con mayor intensidad. Nuestras lenguas sostenían una acalorada batalla dentro de la cavidad ajena mientras tanteaban a ciegas el cuerpo del otro. Con dificultad, logré colocar mis brazos alrededor de su cuello, haciendo más cercano el encuentro. Nowaki deslizó sus manos hasta llegar en mi camisa mojada, abriendo los botones y desesperándome por la lentitud en que lo hacía. El contacto con la lluvia y el aire frío provocó que mi cuerpo se estremeciera. Los gemidos eran constantes, al igual que nuestra acelerada respiración se hacía inminente.
Nuestros labios se separaron, permitiéndome contemplar su mirada. La que me mostraba que, la persona que me sometía, era aquella que había elegido. El rostro de Nowaki descendió levemente. Descubriendo en un instante, la razón. El frío contacto de sus labios sobre mi dorso desnudo provocó que mis labios exclamaran un gemido. Desvaneciendo mis constantes preocupaciones. Su cálido aliento sobre mi piel… era una sensación que erizaba por completo mi ser.
Logré aferrarme a la camisa negra que lo envolvía tan caprichosamente. Las manos fuertes, que conocían cada rincón de mi ser, que podían extraer cualquier indicio de maldad de mi cuerpo, me sostuvieron una vez más. Sus brazos rodearon mi espalda, atrayéndome más hacia su pecho. Siendo las gotas de lluvia que caían sobre nosotros, el único elemento que nos mantenía conscientes del calor que nuestros cuerpos emanaban.
Una de sus manos comenzó a acariciar mi cabello, permitiéndome disfrutar de su cálido contacto. Un contacto peligroso, que me hizo caer rendido ante él desde la primera vez que lo conocí. La mano libre de Nowaki descendió por todo mi dorso… hasta llegar a la cremallera de mi pantalón. Traté de impedirle un movimiento más, sin embargo, él no me lo permitió. Ya que su boca -deseosa de mí- volvió a mis labios, para hacerme olvidar de todo. Incluso de la noción del tiempo.
Porque Nowaki fue la primera persona que atormentó mi pasión… hasta dejarla sin aire.
No es que yo quiera a Nowaki para que él me quiera, no es que yo lo abrace para que él lo haga también. Se trata de algo más fuerte. Un sentimiento al que le temo…
Yo lo amo, porque deseo entregarle todo mi amor a él… sólo a él…
A partir de esa noche… decidí que cada vez que contemplara la lluvia, recordaría ese momento y lo atesoraría como los mejores. Ya que, cada vez que lloviera, me quedaría en claro que nunca, estaría solo, pues Nowaki estaría ahí para sonreirme…
Lo último que supe antes de caer rendido ante él… fue que pude contemplar aquella hermosa sonrisa…
-Por ser tan necio, ambos caímos enfermos.
El sonido que la secadora emanaba al secar mi cabello, hacía ruido en mis oídos. Tras unas horas de estar en aquél callejón haciendo… eso, volvímos a nuestro departamento. Nowaki estaba a mi lado, vestía tan sólo con un pantalón negro. Le había insistido en ponerse una camisa, sin embargo, no quiso hacerlo. Ya que primero quería secarle el cabello a “su Hiro-san”.
-Pero es un alivio…-declaró Nowaki.
-¿Ah?
-El hecho de que la mirada de Hiro-san haya vuelto a la normalidad.
-Si-siempre diciendo cosas estúpidas, nunca cambiarás.
Felicidad. Eso era lo que mi corazón sentía. Lo que mis mejillas denotaban.
La sonrisa de Nowaki la reflejaba el espejo. Definitivamente, Nowaki era un tonto. Ya que no se daba cuenta que la principal razón por la que yo seguía en pie, era aquella sonrisa en la que tanto me perdía y que me devolvía las fuerzas para continuar.
“Haría lo que sea para mirar esa sonrisa…”
FIN.

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